Perfumes frescos y ligeros, con toques cítricos y acuáticos que transmiten una sensación limpia y refrescante para el calor.
Aromas florales suaves y frutales cálidos, ideales para estaciones de transición: equilibrados, versátiles y fáciles de usar en cualquier ocasión.
Perfumes dulces, intensos y envolventes, con notas como vainilla, ámbar, cacao o maderas cálidas, que aportan profundidad y acompañan los días fríos con una sensación acogedora.
Un perfume no huele siempre igual: va cambiando con el paso de los minutos y las horas. Eso ocurre porque está formado por distintas notas que se perciben en etapas.
Es lo primero que se huele cuando nos aplicamos el perfume, la carta de presentación. Suelen ser intensas y pasajeras que abren paso a las siguientes. Pueden ser cítricas, frutales, especiadas o aromáticas.
Bergamota, limón, mandarina; manzana, pera; lavanda; pimienta.